Sos la enredadera
Sos el ave libre
Sos la luz de tu mirada
Sos la risa risueña
Tu corazón late tanto y tan fuerte
Tu brillo no se apaga aunque a veces se espante
Sos fuerte
no como piedra
como raíz de árbol que se aferra con fuerza a la tierra
como tronco que se deja abrazar
como ramas que dejan crecer y caer a las hojas
Sos luz que no teme esconderse
Sos la chispa que enciende mil velas
Sos carisma y sos estrella
Sos Alicia
fantástica
como de cuentos
pero real
domingo, 7 de enero de 2018
Aprender a Amar
Los primeros 21 años de mi vida la pase escondida en un castillo de hielo, protegida por paredes frías y transparentes, desde las que era posible ver todo afuera sin sentir nada adentro. A veces salía convertida en un cactus, rodeada de muchas espinas para que nadie pudiera acercarse. Esa fui yo, esa era yo.
Llegaron los 22 y algo en mi había cambiado, algo pasó y decidí salir del castillo, salí con las espinas guardadas en el pantalón. Mi corazón frío se fue descongelando y llegue a un jardín lleno de flores. Hablé con el viento, con el agua, con el sol y con la risa; sí, aprendí a reír. Me encontré con personas maravillosas ante las cuales las espinas eran innecesarias, de pronto, era un enredadera.
Y fui creciendo, y fui creciendo, y más personas llegaron. Una de ellas fue tan especial que decidí amarla distinto, como nunca lo había hecho. Me enseñó tanto de mí, tanto de él, pero debía irse. Corrí tras de él muchas veces, intente alcanzarlo, hasta que llegue al cruce en donde el camino se partía en dos; él siguió a la izquierda y a mí me llamaba el derecho con todos los colores que puedan imaginar. Seguí a la derecha llena de miedo, a veces desde el otro lado lo veía, y desde lejos nos saludamos. Muchas veces me pegue a la orilla del camino para escuchar sus pasos, para escuchar su risa, para sentir que de nuevo estabamos cerca, luego me dí cuenta de lo absurdo que era no fijarme en el camino que había elegido tomar.
Cuando decidí ver, vi las enredaderas que estaban a mi lado; que estuvieron siempre. Caminé y de mi pies salieron flores y pasto verde. Comencé a correr y despegarme del suelo, estaba en el aire. Me convertí en un ave de alas fuertes y colores hermosos, sentí el aire jugando conmigo y decidí jugar con él. Ví a mi alrededor y muchas aves volaban a mi lado, y siguen aquí volando conmigo.
Asombrosamente, las personas con las que fui dejando las espinas, con las que me convertí en enredadera están hoy; son enredaderas, son aves, son flores. Aún tengo miedo de acercarme y dejar que se acerquen demasiado. Especialmente estos últimos días, tengo miedo de lastimarles con mis espinas, de que se vayan, y a veces me miento diciéndome que era mucho mejor estar dentro del castillo.
El amor toma tantas formas. Tuve que ver afuera para verlo adentro, tuve que salir de mí para acercarme, y hoy, está latiendo dentro de mí y me dice que siga, me motiva a vencer cada uno de mis miedos; especialmente el miedo a volar y ser tan libre.
Fui tempano de hielo, fue escarcha, fui espinas, y hoy soy un ave que está aprendiendo a soltar sus pesos y dejarse volar por el cielo tan azul y vivo como ella. Soy la vida que vibra en mi cuerpo, soy la vida que soy y me permito ser. Soy yo.
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