martes, 28 de agosto de 2018

Amanece y lloro

Amanece y lloro por vos, por tu ausencia. Lo niego un poco, intento dormir. No puedo.

Mi orgullo no me permite decirte que te extraño. Y es que te extraña cada partícula de mi, hasta el hueso más escondido de mi esqueleto. Mi cabeza no para de nombrarte, de recordarte y me rindo ante el llanto silencioso que de mis ojos empieza a brotar. 

Te extraño a vos, al amor inesperado de mis días. A vos que te amo como nunca había amado a nadie. Mala suerte la mía de enamorarme de mi amigo, de los cercanos, del que me da todo pero no puede más que eso; ser mi amigo. 

Varios meses han pasado desde que te descubrí entre el fuego de tu rabia y la templanza de tu angustia. Muchas cosas han pasado y no dejaré de pensar en la noche, las jacarandas, los matilisguates, aquella fuente antigüeña y vos y tus manos. 

Te extraño, a vos y nadie más. 

martes, 21 de agosto de 2018

¿Un ciclo sin fin?

La vida entera abre su recorrido y no sé por dónde empezar, tengo miedo. Mis zapatos están rotos y no tengo para comprarme unos nuevos. Me los quito y sigo, sí, me los quito y sigo. Se siguen abriendo caminos y las posibilidades son múltiples, tengo miedo. La cabeza me duele de tanto pensar, y mi terapeuta dice que avanzar sin elegir, es elegir. Ya avance diez metros y tengo miedo de seguir y continuar. Le temo a todo, a la oscuridad, al silencio, al vacío, a la risa, al amarillo, a mi garganta y sus sonidos, a lo nuevo, al movimiento, a lo viejo, a lo marchito, a mí.

Recién cumplí 25 años y aunque estas sensaciones me habían acompañado siempre, nunca las había visto tan de cerca. El miedo es gigante y siento que la vida es mucho para mí. Trabajo, casa, familia, y por supuesto, ser la mejor en todo; la mejor hermana, la mejor hija, la mejor artista, la mejor trabajadora, la mejor psicóloga. Simplemente es angustiante.

No sé a dónde ir, y prefiero quedarme en mi cuarto a ver como pasa el tiempo por el reloj. A veces me dan ganas de hacer, pero prefiero no, tengo miedo. Prefiero no intentar que defraudarme, porque constantemente soy un fraude. Alguien me dijo una vez, que así se me va a ir la vida, viendo el reloj, y tal vez sea cierto, pero no quiero salir de mi cuarto.

Mi sueños los guarde en una caja y los llevé a enterrar al cementerio de mi cuadra. No se los cuento a nadie, a nadie. Bueno, a veces les cuento algunas cosas a la gente, pero nunca por completo, inclusive a mí, no me lo cuento todo. Tengo miedo de que alguien los descubra, y por eso los lleve a enterrar. Hay una parte de mí que quiere ir y sacarlos de la caja, pero ya le dije que eso es muy tonto, se los pueden robar, se pueden perder, se pueden romper. Es mejor que permanezcan guardados en la caja, entre la tierra.

Quizás en el fondo, muy en el fondo soy una mujer que no se anima a dejar de ser niña. Quizás y si quiero salir del cuarto y desenterrar mis sueños. Quizás y solo tengo mucho miedo. Quizás el miedo al fracasar es muy grande, y prefiero escribirlo que contárselo a alguien.

Me invade el silencio, y le miedo me recorre completamente. La vida no es un juego, sin manual y sin instrucciones.

Tengo miedo.

Cuando el hombre inventó el fuego


Escrito y entregado en mayo, publicado hoy: 


Cuando la humanidad descubrió el fuego, descubrió el poder de tus manos.

 El poder de tus manos mientras se contiene el aliento meditabundo de tus noches.

 -El poder de tus manos mientras me rozas.-

 Tus manos contienen el fuego tibio de tu corazón cansado, de un cuerpo ardiente. La búsqueda constante por no calcinarte.

 - El poder de tus manos que me rozan con duda, que me tocan con pena, con extrañeza, con tibieza.-

 Sos el fuego que calcina, que destruye, que purifica. Sos el fuego y el metal. Sos el metal derretido entre tu propio fuego.

 -El fuego contenido en tus manos, que recorre mi cuerpo y me recorre entera.-

 Sos la figura y la forma deformada en el calor abismal de tu pecho. Tus heridas sangrantes huelen a carbón, y la última gota de sangre se evapora en tu llama más fuerte. Porque vos sos herida y sos cura, sos la deformidad y la posibilidad de construcción.

 -Tu fuego en mi cuerpo, tu cuerpo en mi cintura y espero serena, el fuego de tus manos.-

 Sos la absoluta fuerza en tu mirada angustiosa. En la mirada más noble, en la más honesta, se esconde tu verdadera fuerza.

 -La tibieza de tu cuerpo al abrazarme.-

Sos la debilidad dentro de tu pecho abierto. Sos la rosa escondida que intentas destruir en medio de tu puño estrecho y cerrado.

 - La mirada que evita verme.-

 Sos  como el fuego ardiente que construyó el mundo. Sos la llama vibrante que nada apaga.

 -Sos el fuego que no quiero apagar.-